La operación no es ni más ni menos, que la ejecución de la estrategia. Una vez que se ha decidido el rumbo, el cómo hacer que la empresa navegue en esa dirección establecida implica el diseño y realización de una serie de proyectos y procesos que lo hagan realidad.
Las operaciones se han relacionado tradicionalmente con la parte más fabril de las compañías, la más estandarizable y/o automatizable. Y, aunque claramente la engloba, el concepto actual es mucho más amplio e integrador.
Se trata de dar continuidad al flujo de valor de la empresa, desde el cliente, hasta el proveedor. E incluso más allá, contribuyendo a la cadena y ecosistema al que pertenezca la compañía, en un mundo cada vez más interconectado.
Para ello, es fundamental partir de claridad en la propuesta de valor: por qué nos compran realmente y en qué somos, no diferentes, sino diferenciales en el mercado. El tener claridad sobre este concepto, ayuda sin duda a identificar dónde se genera y se aporta valor en la organización.
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